La Cruz de los Jóvenes que el Papa Benedicto XVI nos entregó el pasado Domingo de Ramos ha comenzado su pererinación, acompañada del icono de la Virgen, por nuestras parroquias y por las diócesis de España, preparando así la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid el año 2011. Esta peregrinación es una invitación a orar. Todo gira en torno a la Cruz de Cristo, que es la señal del cristiano. Desde que nacemos hasta que morimos hacemos la señal de la Cruz como signo de nuestra pertenencia a Cristo y, sobre todo, como agradecimiento por haber sido salvados por Él en el árbol de la Cruz. El Papa, cuando entregó ésta cruz, animó a "descubrir en la Cruz la medida infinita del amor de Cristo, y poder decir así, como san Pablo: “vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí". Cristo se entregó por cada uno de nosotros y nos ama de modo único y personal. Por ello, la mejor respuesta es ofrecerle nuestra vida con amor. De este modo, la preparación de la Jornada Mundial de la Juventud, cuyos trabajos habéis comenzado con mucha ilusión y entrega, serán recompensados con el fruto que pretenden estas Jornadas: renovar y fortalecer la experiencia del encuentro con Cristo muerto y resucitado por nosotros. Como asegura César Franco, Onispo auxiliar de Madrid, "De esto se trata: de prepararnos bien a vivir la Jornada Mundial de la Juventud. Para ello, comenzamos peregrinando con la Cruz de Cristo, dando testimonio de su amor ante nuestros amigos y compañeros. La peregrinación es un camino exterior e interior. Exterior, porque vamos de un sitio a otro, como fue Cristo al Calvario cargado con la cruz. Interior, porque, a través de la oración personal y comunitaria, de la Eucaristía y del sacramento del perdón, caminamos hacia lo más intimo de nosotros mismos donde nos encontramos con el mismo Dios que habita en nosotros y nos descubre la grandeza de ser sus hijos, hermanos de Cristo."
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Peregrinación de la Cruz por las calles de Madrid
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